¿Qué es la mediación y cuándo se utiliza?
La mediación es un método voluntario de gestión de conflictos guiado por un tercero neutral. Descubre cuándo conviene usarlo y ejemplos de éxito en Madrid.
17/11/2025

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La mediación es un proceso confidencial en el que las partes piden ayuda a un profesional neutral para reenfocar su conflicto. En lugar de delegar la decisión en un juez, son ellas quienes alcanzan el acuerdo con la guía del mediador. Este profesional se encarga de equilibrar la conversación, ordenar la información relevante y proponer dinámicas que permitan explorar soluciones creativas. En el ámbito civil y mercantil madrileño está regulada por la Ley 5/2012 y por el reglamento autonómico.
Funciona especialmente bien cuando las partes desean mantener una relación futura. Socios comerciales, comunidades de propietarios, familias o proveedores necesitan seguir colaborando incluso después del conflicto. La mediación les permite ventilar reproches, identificar intereses comunes y documentar acuerdos que luego pueden elevarse a escritura pública o incorporarse al expediente judicial para que tengan fuerza ejecutiva.
El proceso comienza con una sesión informativa. El mediador explica las reglas: voluntariedad, confidencialidad y neutralidad. Si las partes aceptan, firman el acta de mediación y se programa el calendario de reuniones. En cada sesión se trabajan temas concretos, se generan opciones y se analizan consecuencias. Cuando surge un preacuerdo, el mediador ayuda a redactarlo en términos jurídicos claros para que pueda homologarse.
En Madrid se utiliza en conflictos societarios, disputas entre arrendador y arrendatario, reclamaciones de servicios y controversias vecinales. Los juzgados de Plaza de Castilla derivan asuntos a programas piloto de mediación antes de celebrar el juicio, especialmente desde la entrada en vigor de la LO 1/2025, que exige acreditar intentos de negociación previa.
Un ejemplo práctico: dos socios de una startup discuten por la distribución de dividendos. En mediación descubren que lo que les preocupa no es el reparto actual, sino la falta de reglas para futuras ampliaciones. Con la ayuda del mediador pactan un protocolo de salida, redefinen los porcentajes y evitan un pleito societario que habría paralizado la empresa durante meses.
La mediación también ha resuelto conflictos de construcción en barrios como Chamberí o Chamartín. Vecinos molestos por obras intrusivas se sientan con la constructora, acuerdan horarios, compensaciones y un plan de comunicación. El resultado es más rápido que una demanda de responsabilidad civil y evita daños reputacionales.
Aunque es voluntaria, la mediación puede convertirse en requisito previo en algunas materias, como veremos en la mediación civil. Incluso cuando no lo sea, acudir a ella demuestra buena fe y puede inclinar al juez a valorar mejor la postura de quien lo intentó. Además, suele costar menos que un litigio completo y libera a las partes de la incertidumbre de una sentencia.
Entre sus usos más frecuentes destacan los conflictos de consumo. Empresas de energía, telecomunicaciones o academias recurren a la mediación para resolver reclamaciones sin escalar a tribunales. Esto reduce costes y evita sanciones reputacionales, porque el acuerdo se mantiene confidencial. Los consumidores suelen valorarlo positivamente, ya que reciben respuestas personalizadas y, en ocasiones, compensaciones superiores a las que obtendrían tras un largo proceso administrativo.
También se está extendiendo en el ámbito sanitario. Clínicas y pacientes recurren a mediadores especializados para aclarar expectativas, analizar informes médicos y pactar indemnizaciones o tratamientos complementarios. La mediación permite introducir medidas restaurativas, como disculpas formales o compromisos de mejora, que un juez no puede ordenar pero que generan un alto impacto emocional en las partes.
La fuerza de la mediación radica en su flexibilidad. Se puede realizar de forma presencial, híbrida o totalmente online. Esta última modalidad ha ganado terreno tras la pandemia, permitiendo que directivos ubicados fuera de España participen sin viajar. La clave es elegir mediadores acreditados y preparar las sesiones con documentación clara para que el tiempo se aproveche al máximo.
Las empresas que adoptan políticas ESG también recurren a la mediación para demostrar responsabilidad social. Resolver disputas a través del diálogo y dejar constancia de los acuerdos mejora los indicadores de buen gobierno y reduce riesgos legales, algo cada vez más valorado por inversores y clientes institucionales.
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