Mediación

Diferencia entre mediación y arbitraje (explicado fácil)

La mediación ayuda a las partes a pactar; el arbitraje impone un laudo con fuerza de sentencia. Conoce sus diferencias para elegir el mecanismo correcto.

17/11/2025

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Mediación y arbitraje son fórmulas alternativas al juicio, pero funcionan de manera distinta. En la mediación, las partes construyen juntas el acuerdo con ayuda de un mediador neutral. El mediador no decide, solo facilita. En el arbitraje, en cambio, un árbitro o tribunal arbitral escucha a las partes y dicta un laudo que tiene la misma fuerza que una sentencia. La elección depende de si las partes quieren mantener el control del resultado o prefieren delegarlo en un tercero experto.

La mediación es voluntaria y flexible. Las partes pueden abandonarla cuando quieran y el acuerdo solo nace si ambas lo firman. Se centra en intereses: busca qué necesita realmente cada parte y cómo puede obtenerlo sin perjudicar a la otra. El arbitraje es vinculante: una vez aceptado, no se puede salir salvo causa justificada y el laudo obliga aunque no satisfaga a todos. Se centra en derechos y en la interpretación de un contrato o norma, igual que haría un juez.

En términos de coste, la mediación suele ser más económica. Basta con pagar los honorarios del mediador y, en ocasiones, el alquiler de la sala. El arbitraje implica tasas administrativas, honorarios del árbitro o tribunal y, si el asunto es complejo, gastos periciales. A cambio ofrece una decisión técnica especializada y confidencial, muy valorada en contratos mercantiles de alto importe.

Otra diferencia es la confidencialidad de los resultados. En mediación, todo lo que se discute se mantiene en secreto salvo que las partes acuerden lo contrario. El acuerdo final puede mantenerse privado o elevarse a público solo para su ejecución. En arbitraje, el laudo debe notificarse formalmente y, cuando se ejecuta, puede trascender a terceros si se presenta en los tribunales para su homologación o ejecución forzosa.

En Madrid, la mediación se usa para conflictos donde la relación futura es importante: socios, familias, comunidades y profesionales liberales. El arbitraje se emplea para disputas societarias de alto valor, contratos de construcción, energía o franquicias internacionales. Muchas empresas combinan ambos mecanismos con cláusulas escalonadas: primero intentan mediación y, si no funciona, pasan a arbitraje para obtener una decisión final en meses en lugar de años.

Elegir entre mediación y arbitraje depende del objetivo: si quieres participar en la solución y preservar la relación, apuesta por mediación. Si necesitas una decisión firme, ejecutable y dictada por expertos en la materia, el arbitraje es la vía adecuada.

Hay diferencias procesales adicionales. La mediación puede reanudarse en cualquier momento incluso después de iniciar un juicio, mientras que el arbitraje exige una cláusula previa o un compromiso arbitral específico. En mediación, las partes pueden elegir mediador de forma conjunta o solicitar a una institución que lo designe. En arbitraje, el reglamento fija cómo se nombran los árbitros, cuántas fases habrá y qué plazos se aplicarán.

También difiere la posibilidad de recurso. El laudo arbitral solo puede impugnarse por causas tasadas ante el Tribunal Superior de Justicia, y no se revisa el fondo del asunto. En mediación no hay recurso porque no existe decisión impuesta; si una parte no está conforme, simplemente no firma el acuerdo. Esta distinción es clave para empresas que necesitan seguridad jurídica inmediata frente a aquellas que prefieren mantener el control hasta el final.

En la práctica, muchas compañías combinan ambos mecanismos en sus contratos. Primero intentan una mediación corta para preservar la relación comercial y, si fracasa, pasan a arbitraje para obtener un laudo rápido y confidencial. Esta secuencia ha demostrado reducir costes y tiempos en sectores como la construcción y la tecnología.

En términos de ejecución, el laudo arbitral es directamente ejecutable ante los tribunales. El acuerdo de mediación necesita homologarse o elevarse a escritura para tener la misma fuerza. No obstante, la flexibilidad de la mediación permite incluir cláusulas que faciliten la ejecución voluntaria: cronogramas de pago, garantías y mecanismos de verificación que generan confianza y reducen la necesidad de acudir a un juez.

Los perfiles profesionales también varían. Los mediadores suelen provenir del derecho, la psicología o la empresa y están entrenados en habilidades comunicativas. Los árbitros suelen ser abogados o ingenieros con amplia experiencia técnica en la materia del contrato. Saber esto ayuda a elegir el perfil más adecuado según el tipo de conflicto y el estilo de resolución que se busca.

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